En la entrada del blog del mes pasado te compartía por qué la cultura de dieta nos genera culpa continuamente: qué, cuánto, cómo, dónde comer están continuamente condicionados por esos aprendizajes.
Recuerda que experimentamos culpa cuando creemos que hemos hecho algo malo.
Y en la cultura de la dieta y del salutismo, son tantas las reglas y los debería que casi es inevitable no sentir culpa en algún momento.
La comida nunca debería asociarse con la culpa o la vergüenza, sino con la nutrición y el disfrute merecido en el momento presente, con el autocuidado y el pacer.
Todas y todos merecemos nutrirnos y experimentar placer independientemente de nuestra forma corporal.
Eso no quiere decir que no puedas explorar desde una mirada compasiva y no juiciosa si hay alguna acción que puedas hacer para mejorar tu autocuidado.
Si comes emocionalmente, en piloto automático, si te mueves en ciclos de restricción/descontrol con la comida, si sientes que tus patrones aprendidos no te ayudan a cuidarte, puedes intentar moverte poco a poco hacia un autocuidado con el que te sientas más satisfecha.
Hoy te comparto algunas ideas para que seas tu y no la culpa la que tome las decisiones en tu autocuidado:
- Intenta que en todas tus comidas haya una combinación de nutrición y placer. Si te sientes satisfecha después de comer, verás que puedes soltar y pasar a atender el resto de cosas importantes en tu vida.
- Intenta que la culpa no dirija tus decisiones dándote permiso incondicional para comer. Recuerda, el control no solo no ayuda sino que genera descontrol y más deseo por los alimentos prohibidos.
- Respeta tu individualidad, tus decisiones alimentarias y tus necesidades por más que sean totalmente diferentes a las modas.
- Honra y permítete sentir tus emociones, aunque sean difíciles. Si sientes que comes emocionalmente, estar presente en lo que hay, aunque no te guste, es clave para descablear ese hábito.
- Permítete parar, descansar, desconectar, disfrutar. Eso también es autocuidado. Te diría que eso es sobre todo autocuidado.
- Se amable y compasiva contigo misma. Apoyar tu autocuidado no es un camino fácil en este contexto de exigencia y estrés.
- Practica la gratitud hacia ti por todo lo que sostienes cada día.
¡Espero de corazón que todo esto te ayude! Me encantará saber cómo te va si lo practicas!