Esta semana ha llegado a mi uno de esos métodos para “sanar tu relación con la comida” basado en hacer creer que el problema de los atracones y los antojos es la adicción a los azúcares e hidratos. Desde ese argumento, dan la solución vendiendo que, si los eliminas de tu vida, eliminas tu adicción y el problema se va a terminar, chinpún, equiparando los hidratos al alcohol u otras drogas. Insisten mucho en que si eliminas esa adicción vas a experimentarás libertad con la comida.
Si te soy sincera , cuando veo esto me sube una especie de cabreo por dentro, porque no solo no es cierto, sino que encima nos coloca la etiqueta de “enfermas”. No tenemos las mujeres ya suficientes sufriendo la cultura de la dieta, el estigma de peso y la presión sobre la imagen corporal, que encima tenemos que convivir con la etiqueta de adictas. No lo digo desde un lugar peyorativo sino porque sabemos que las etiquetas hacen daño.
Porque la gran paradoja es esa, que lo que nos lleva a tener una mala relación con la comida son las restricciones de la cultura de la dieta, no que haya algo mal en nuestro cerebro (también hay cada vez más evidencia de que lo cambios en el cerebro que pueden llevar a la adicción tienen que ver con la historia de trauma de la persona, pero eso daría para otro post bien largo)
Sea como sea, algo clave es que poner paz a tu relación con la comida no va a pasar por “eliminar los azúcares y los hidratos” como propone el método, porque amiga, podemos vivir sin alcohol y sin drogas, pero no sin comida y menos sin hidratos. Eliminarlos solo te va a llevar a la hipervigilancia, al hambre extrema y a los atracones.
Hablar sobre esto daría para mucho, pero te quiero dar unas pinceladas para que no caigas en la trampa de creerte estos discursos. La idea de que un alimento en particular sea adictivo parece carecer de clara evidencia científica que lo respalde. La investigación que defiende la idea de la adicción a la comida utiliza la Escala de Adicción a la Alimentación de Yale, que se basa en la experiencia sentida de las personas y no tiene en cuenta la restricción de alimentos. Sabemos, en base a la neurociencia, que cuando se restringe cualquier alimento, aumenta la recompensa de ese alimento. Es un mecanismo de supervivencia biológica, y las personas se sienten «adictas» porque se sienten descontroladas con respecto a ciertos alimentos. Sin embargo, eso es muy diferente a afirmar que una sustancia alimenticia es fisiológicamente adictiva.
Además, al observar la investigación con animales, la única vez que los roedores consumen azúcar de una manera «adictiva» es cuando tienen acceso intermitente a ella (a veces si, a veces no). Cuando los roedores tienen acceso ilimitado al azúcar, no demuestran un comportamiento similar al de la adicción. Otra cosa es que nos sintamos enganchadas a ciertos tipos de alimentos, pero lo que la ciencia dice es que es más como un hábito que una adicción.
Lo que si que está demostrado científicamente es que es la restricción alimentaria lo que conduce a la sobreingesta y al atracón y que esta restricción no solo tiene que ser física, la restricción emocional o de pensamiento puede activar los sistemas compensatorios. Es decir, lo que nos lleva a sentirnos en descontrol con la comida es el sentido de prohibición, ya sea real o solo de pensamiento. Además, hay amplia evidencia que avala que las dietas y sus correspondientes restricciones son la principal causa tanto de los atracones como del desarrollo de los trastornos alimentarios. Por lo tanto, acercarnos a los azúcares y grasas como adictivos nos va a llevar a eliminarnos y vamos a sufrir a lago plazo las consecuencias de esa restricción.
Mi experiencia personal y profesional, avalada por la ciencia, es que cuando nuestro cuerpo está bien saciado, soltamos la mentalidad dieta, nos damos permiso incondicional para comer usando las habilidades de la consciencia plena la urgencia disminuye y podemos tener una buena relación con la comida. Eso es la libertad alimentaria. Lo contrario, es pasarte la vida controlando algo que deseas comer, y amiga, sinceramente, dudo que ahí pueda hacer libertad de elección.
Pero claro, vende mucho más un método que te dice que te vas a «curar de por vida» y que vas dejar de sufrir, que criticar los daños que nos hace a las mujeres la cultura de la dieta, que lo que nos dificulta cuidarnos es poner la mirada en cambiar nuestros cuerpos y proponer cambios basados en la aceptación corporal y el autocuidado sostenible a largo plazo. Una de las cosas que más sentido tiene cuando escucho los testimonios de las personas a las que he acompañado es que sienten que están en el camino pero que saben que tienen que seguir trabajando. No existen lo milagros, no existen los atajos, porque la neuroplasticidad cerebral no se cambia en una semana.
Sé por todos estos años de trabajo que es posible estar en paz con la comida y con el cuerpo, pero ese camino no pasa por eliminar tipos de alimentos como los azúcares e hidratos, por más bien argumentado que esté.
Así que desde aquí me gustaría que tomaras consciente de todas las etiquetas que te han ido poniendo por el camino: comedora compulsiva, adicta, que no sabes cuidarte, …y que sepas que tu no eres esa etiqueta, y que gracias a la neuroplasticidad cerebral puedes aprender a hacer la cosas diferentes. Si te sueles pillar en descontrol con la comida, probablemente estés controlando o restringiendo y eso sea lo que te está dificultando transitar el camino de en medio. La alimentación consciente o mindful eating, el mindfulness y la compasión son herramientas avaladas por la ciencia para regular los atracones, las sobreingestas y el comer emocional y ayudarte a soltar el control de las restricciones.
Si todo esto tiene sentido para ti y te sientes atascada en tu relación con la comida puedes solicitar una sesión informativa conmigo aquí