Hoy en día, la mayoría los profesionales de la salud acompañan desde un enfoque centrado en el peso, con el argumento de “más peso, más problemas” y que bajar de peso es la solución a casi todo. Pero, ¿te has preguntado si eso realmente es cierto? Hoy quiero compartir contigo el resumen de un artículo «Consequences of a weight‐centric approach to healthcare” un maravilloso artículo para ayudarnos a cambiar la perspectiva sobre la salud y el peso, algo totalmente necesario en el contexto actual. Este artículo nos invita a replantearnos cómo entendemos la salud, alejándonos de la idea de que la báscula lo dice todo y acercándonos a un enfoque más inclusivo y humano.
1. El problema del “peso-centrismo” o del enfoque centrado en el peso.
Básicamente, el enfoque tradicional en salud se basa en varias ideas muy extendidas:
- Control total del peso: el enfoque centrado en el peso, es decir, basado en dietas de adelgazamiento, está basado en que cada uno puede manejar su peso con dieta y ejercicio. Es decir, si alguien sube de peso, es culpa de su “mala conducta”.
- El sobrepeso causa enfermedades: se asume que llevar kilos de más lleva a tener problemas como diabetes, hipertensión y otros.
- Bajar de peso mejora la salud: la idea de los enfoques basados en el peso es que si logras perder peso, automáticamente mejorarás tu salul.
El artículo nos dice que, aunque suene lógico, en la práctica esto es mucho más complejo. Muchas veces se confunde la idea de “peso-ideal” o “normal” con salud, cuando en realidad nuestro cuerpo es muy diverso y no se puede medir solo con números.
2. ¿Y el IMC? Un indicador que no lo es todo.
El Índice de Masa Corporal (IMC) es esa fórmula que usamos para clasificar a la gente en “bajo peso”, “normal”, “sobrepeso” u “obeso”. Sin embargo, este indicador tiene varios fallos:
- No distingue músculo de grasa: un deportista con mucha masa muscular puede tener un IMC alto y, sin embargo, estar en perfecto estado.
- Variabilidad individual: dos personas con el mismo IMC pueden tener porcentajes de grasa corporal muy distintos. ¡No es tan simple!
- Ignora otros factores de salud: el IMC fue creado para estudios poblacionales, no para diagnosticar a una persona en particular. Cosas como la presión arterial, el colesterol o la capacidad aeróbica pueden ser mejores indicadores de salud.
En resumen, usar el IMC como única medida es como juzgar un libro por su portada. Además, palabras como “obesidad” o “sobrepeso” pueden hacer que las personas se sientan juzgadas y estigmatizadas, lo cual no ayuda a mejorar su salud ni su bienestar emocional.
3. La pérdida de peso: ¿realmente funciona?
Los enfoques basados en el peso están basados en la idea general es que bajar 10% de tu peso inicial y mantenerlo por un año es un éxito. Pero, ¿cuántas veces hemos visto a gente que baja unos kilos y luego se recupera todo (¡o incluso más!)? El artículo recoge varios estudios que muestran lo siguiente:
- La perdida de peso es difícil de mantener: la mayoría de las dietas logran una pérdida inicial de peso, pero casi siempre se termina recuperándolo. Ese famoso “efecto yo-yo” es algo con lo que muchos estamos familiarizados.
- Cambios modestos y poco duraderos: en estudios realizados en consultas médicas, las reducciones de peso suelen ser de apenas 1 o 2 kilos en un año, algo que poco impacto tiene en la salud a largo plazo.
- Más allá de la báscula: muchas veces, las mejoras que se observan en la salud (como mejores niveles de colesterol o presión) no se deben a la pérdida de peso en sí, sino a cambios en los hábitos como comer mejor o moverse más.
Lo que queda claro es que centrar la atención únicamente en bajar de peso puede ser contraproducente. La verdadera ganancia está en adoptar hábitos saludables, sin importar si la báscula baja o sube.
4. ¿Por qué es tan difícil mantener el peso?
Si alguna vez has hecho dieta, seguramente te has preguntado por qué, a pesar de esforzarte, tu cuerpo parece “rebelarse” para recuperar esos kilos perdidos. Tal y como nos explica el articulo esto se explica por:
- Adaptaciones del cuerpo: cuando reduces calorías, el cuerpo se adapta bajando el gasto energético. Esto es una especie de mecanismo de supervivencia que nos impide “desperdiciar” energía. Es como si nuestro organismo dijera: “¡Alerta! Menos comida, así que cuidémonos para no quedarnos sin energía.”
- Hormonas y hambre: al hacer dieta, las hormonas que regulan el apetito se desajustan. Esto significa que sientes más hambre y la sensación de saciedad se vuelve menos efectiva. No es simplemente “falta de fuerza de voluntad”, es tu biología.
- El temido efecto yo-yo: la repetición de ciclos de pérdida y recuperación de peso puede, a largo plazo, incluso aumentar la cantidad de grasa almacenada en el cuerpo, ya que se producen cambios en las células grasas.
Todo esto explica por qué, a pesar de las dietas, el mantenimiento a largo plazo de la pérdida de peso es algo extremadamente complicado. Es un proceso biológico que va más allá de la simple elección personal.
5. Consecuencias emocionales y sociales
No solo se trata de números en una balanza; el impacto del enfoque en la pérdida de peso también afecta profundamente a nivel emocional y social:
- Estigma y prejuicio: vivir en una sociedad que valora excesivamente la delgadez hace que muchas personas con cuerpos más grandes se sientan juzgadas, tanto en la vida diaria como en el ámbito médico. Esto genera un gran estrés emocional.
- Autoestima en juego: la presión por cumplir con estándares “ideales” puede llevar a sentimientos de culpa, baja autoestima e incluso a depresión. La constante comparación y crítica interna no hacen más que empeorar la relación que tenemos con nuestro cuerpo.
- Efectos en la atención médica: el estigma no se queda en lo social; también se filtra en las consultas médicas. Hay casos en que los profesionales de la salud asumen que una persona con sobrepeso tiene malos hábitos o que siempre sus síntomas se deben a su peso, lo que puede llevar a diagnósticos tardíos o tratamientos inadecuados.
- Riesgo de trastornos alimentarios: la presión por bajar de peso y el constante “yo-yo” pueden desencadenar conductas desordenadas, como dietas extremas o incluso trastornos alimenticios. Aquí se crea un círculo vicioso en el que el deseo de perder peso termina dañando la salud mental y física.
6. La propuesta: Un enfoque “inclusivo en cuanto al peso”
Entonces, ¿qué se sugiere en lugar de seguir persiguiendo la idea de que “bajar de peso es igual a estar sano”? Pues un enfoque hacia lo que llamamos “atención inclusiva en cuanto al peso”. Y digo llamamos porque este es el enfoque desde el que yo acompaño desde hace más de 10 años, el enfoque de la alimentación consciente o mindful eating. Y te preguntarás, ¿en qué consiste esto? Aquí te lo explico de forma sencilla:
- Fomentar hábitos saludables, no números en la balanza: en lugar de obsesionarse con perder kilos, acompañamos para que las personas adopten hábitos que realmente mejoren su salud, como una alimentación equilibrada, actividad física placentera y manejo del estrés. La idea es centrarse en lo que realmente importa: sentirse bien y estar saludable.
- Eliminar el estigma: es vital que los profesionales de la salud noa formemos para identificar y dejar de lado los prejuicios. Hay que tratar a cada persona de manera individual, sin asumir que su peso define su salud o sus hábitos.
- Medir la salud con otros parámetros: en vez de usar únicamente el IMC, se debe prestar atención a indicadores como la presión arterial, los niveles de glucosa, el perfil lipídico y, sobre todo, a la historia clínica y a los conductas cotidianas de cada paciente.
- Abordar las desigualdades sociales: la salud no depende solo de lo que comes o de cuánto te mueves. Factores como el acceso a alimentos saludables, la seguridad en el barrio, el estrés diario y el nivel socioeconómico juegan un papel fundamental. Reconocer estas determinantes sociales es clave para ofrecer un cuidado integral.
- Cuidar el bienestar emocional: la relación con la comida y con el propio cuerpo es fundamental. Fomentar una alimentación intuitiva –que se base en las señales reales de hambre y saciedad– y trabajar en la aceptación del cuerpo son estrategias que benefician tanto la salud física como la mental.
7. Recomendaciones prácticas para profesionales y clínicas
El artículo también ofrece una serie de consejos prácticos para que quienes trabajan en salud puedan abrazar este enfoque:
- Formación y autoevaluación: se anima a los profesionales a revisar y cuestionar sus propios prejuicios. Existen herramientas, como tests de asociaciones implícitas, que pueden ayudar a identificar y trabajar sobre esos sesgos.
- Repensar la “consulta del peso”: no se debe forzar la medición del peso en cada visita. Es importante pedir permiso al paciente y, sobre todo, no centrar la consulta en ese dato.
- Comunicación cercana y respetuosa: el lenguaje que se utiliza es fundamental. Evitar términos cargados de estigma y, en cambio, utilizar un tono respetuoso y empático ayuda a que el paciente se sienta valorado y comprendido.
- Adaptar el entorno clínico: Las salas de espera, los consultorios y los equipos médicos deben estar preparados para atender a personas de todas las tallas. Esto incluye desde sillas cómodas hasta equipos (como batas y mesas) que sean adecuados para todos.
- Fomentar la autonomía del paciente: es esencial que cada persona se sienta en control de su salud. En vez de imponer dietas o regímenes estrictos, se debe trabajar junto con el paciente para identificar cambios sostenibles y realistas en su día a día.
8. Por qué este cambio es tan necesario
Si miramos la evidencia, nos damos cuenta de que el enfoque tradicional “peso-centrado” no solo resulta poco efectivo a largo plazo, sino que, tal y como hemos visto, además puede hacer más daño que bien. La mayoría de las personas que intentan perder peso terminan atrapadas en ciclos de pérdida y recuperación que, además de frustrar, afectan su salud física y mental.
Por otro lado, centrar la atención en hábitos saludables y en el bienestar general, permite a las personas mejorar su calidad de vida de forma real y sostenible. Se trata de ver la salud de forma holística, reconociendo que cada cuerpo es diferente y que el bienestar se mide en mucho más que unos números.
Además, en un contexto social donde la diversidad es cada vez más valorada, dejar atrás la idea de que “solo hay un cuerpo ideal” es un paso importante para combatir el estigma y la discriminación. Todos merecemos ser tratados con respeto y tener la oportunidad de vivir una vida plena, sin que nuestro peso se convierta en un obstáculo para recibir una atención médica de calidad.
9. Conclusión: Un llamado a la transformación
El artículo “Consequences of a weight‐centric approach to healthcare” nos invita a repensar cómo definimos y perseguimos la salud. En vez de caer en la trampa de creer que bajar de peso es la solución a todos los problemas, se nos propone un cambio de mentalidad que pone en el centro el bienestar integral, el respeto por la diversidad corporal y la adopción de hábitos que realmente mejoren nuestra vida diaria.
Este cambio de enfoque no es solo una cuestión técnica o médica, sino también ética y social. Al alejarse del paradigma “peso-centrista”, se pueden evitar muchos de los daños asociados al estigma y la discriminación, y se fomenta un entorno donde cada persona se sienta valorada, independientemente de su talla.
En definitiva, se trata de pasar de una “guerra contra la obesidad” a una búsqueda conjunta del bienestar, donde lo primordial es que nos sintamos bien con nosotros mismos y cuidemos de nuestra salud de forma integral. Es hora de dejar atrás ideas simplistas y adoptar una visión más amplia y humana de lo que significa estar sano.
Si todo esto tiene sentido para ti y te sientes atascada en tu autocuidado porque no sabes salir salir de los cliclos de restricción y descontrol con la comida, puedes solicitar una sesión informativa conmigo aquí
Y si eres profesional de la salud y quieres formarte en un enfoque no peso-centrista como es la alimentación consciente o mindful eating, te comparto la formación que vengo realizando desde el año 2017: Certificación en Mindful eating y Mindfulness
Referencias:
Mauldin K, May M,Clifford D. The consequences of a weight‐centricapproach to healthcare: a case for a paradigm
shift in how clinicians address body weight.
Nutr Clin Pract. 2022;1‐16.