GLP-1: Un nuevo “milagro” para perder peso
En los últimos meses, los medicamentos GLP-1 —como Ozempic, Wegovy o Mounjaro — se han convertido en el gran tema de conversación en medios y redes.
Prometen pérdida de peso rápida y significativa, mejora metabólica, beneficios cardiovasculares e incluso una “nueva esperanza” para las personas con «obesidad»
Hoy te quiero compartir un resumen de un artículo científico de la Size Inclusive Medicine para que puedas ampliar la mirada sobre este fenómeno y mostrarte que detrás del entusiasmo hay muchas preguntas éticas, clínicas y humanas que es importante que nos hagamos. Te comparto un resumen de este artículo que hasta hoy me parece uno de los más esclarecedores sobre el tema.
Lo que se promete: los argumentos a favor
Los defensores de los GLP-1 destacan principalmente cuatro beneficios:
- Pérdida de peso significativa y sostenida
Los estudios clínicos muestran reducciones del 10–15 % del peso corporal durante el uso continuado del fármaco. - Mejor control glucémico. Su acción sobre la insulina ayuda a estabilizar los niveles de azúcar en sangre en personas con diabetes tipo 2.
- Beneficios cardiovasculares y metabólicos. Algunos ensayos clínicos indican menor riesgo de eventos cardíacos y mejoría en presión arterial y salud hepática.
- Un “nuevo paradigma” en obesidad. Se presenta como una terapia crónica, más allá de las dietas o del estilo de vida, con un enfoque médico y científico.
Hasta aquí, todo suena prometedor. Pero, como recuerda el artículo, toda promesa médica debe leerse junto a sus sombras.
⚠️ Lo que no siempre se dice: objeciones y riesgos
Efectos secundarios físicos
Los efectos adversos más comunes incluyen náuseas, vómitos, estreñimiento, diarrea, mareos y pérdida de masa muscular.
Algunas personas reportan además fatiga intensa, malestar digestivo persistente y síntomas depresivos o de bajo estado de ánimo.
Estos efectos no son menores ni infrecuentes. En los ensayos clínicos, entre un 8 % y un 10 % de las personas interrumpen el tratamiento con agonistas GLP-1 debido a efectos adversos, principalmente gastrointestinales. Fuera de los estudios controlados, en la práctica clínica real, las tasas de abandono son considerablemente más altas: alrededor de un tercio de las personas deja el tratamiento en el primer año, y algunos estudios observacionales sitúan la discontinuación incluso por encima del 50 %.
Este dato es relevante porque nos recuerda que la experiencia real de los fármacos no siempre coincide con el relato optimista que suele difundirse. Cuando un tratamiento provoca malestar sostenido, limita la vida cotidiana o exige “aguantar” síntomas para alcanzar un objetivo corporal, conviene preguntarse si el coste físico y emocional está siendo suficientemente tenido en cuenta en la toma de decisiones.
Efecto rebote o “yo-yo”
Una vez interrumpido el tratamiento, la mayoría de las personas recupera parte o todo el peso perdido (como ocurre con cualquier intervención centrada en el adelgazamiento). Este fenómeno, conocido como efecto yo-yo, no es neutro ni inocuo: se asocia a mayor estrés fisiológico, inflamación, alteraciones metabólicas y peor salud cardiovascular, independientemente del peso final.
A nivel emocional, la recuperación de peso suele vivirse como un “fracaso personal”, reforzando la autoexigencia, la culpa y la vergüenza corporal. Esto puede intensificar la insatisfacción con la imagen corporal, aumentar la ansiedad en torno a la comida y reactivar o consolidar el ciclo restrictivo-compulsivo: control rígido, pérdida de peso, abandono, recuperación y nuevo intento.
En personas con antecedentes de dietas crónicas, comer emocional o vulnerabilidad a los trastornos de la conducta alimentaria, este vaivén corporal incrementa significativamente el riesgo de desarrollar o reactivar un TCA, así como de cronificar una relación hostil con el cuerpo y la alimentación.
Riesgos psicológicos y emocionales
Estos medicamentos suprimen el apetito, lo que puede alterar la conexión con las señales corporales de hambre y saciedad.
En personas vulnerables, esta desconexión puede reactivar trastornos de la conducta alimentaria (TCA), miedo a comer o una relación ansiosa con la comida.
Además, cuando el hambre y el deseo de comer se silencian farmacológicamente, también puede verse afectada la capacidad de experimentar placer al comer, una función básica y adaptativa del ser humano. El placer no es un exceso ni un fallo de autocontrol: cumple un papel esencial en la regulación emocional, la sensación de seguridad y la conexión con el cuerpo. Desvincular la alimentación de cualquier forma de disfrute puede reforzar la idea de que comer es solo un acto utilitario o potencialmente peligroso, aumentando la rigidez, la hipervigilancia y la desconexión corporal.
Refuerzo del estigma de peso
La narrativa dominante asocia salud con delgadez, reforzando la idea de que el cuerpo necesita ser “corregido”.
Esto profundiza el trauma corporal y perpetúa la discriminación hacia los cuerpos grandes dentro y fuera del sistema sanitario.
La evidencia muestra que el estigma de peso no es solo un problema social o moral, sino un determinante directo de la salud física y emocional. La exposición continuada a la gordofobia se asocia con mayor estrés crónico, elevación del cortisol, inflamación, peor salud cardiovascular y evitación del sistema sanitario. A nivel emocional, incrementa la ansiedad, la depresión, la insatisfacción corporal y las conductas alimentarias desordenadas, independientemente del peso corporal. En otras palabras, no es el tamaño del cuerpo lo que enferma, sino el estigma que lo rodea.
Medicina centrada en el síntoma, no en la causa
El artículo plantea una crítica importante: el uso masivo de GLP-1 puede desviar la atención de las verdaderas causas del malestar emocional y físico de las personas — estrés crónico, trauma, desigualdad, estigma, falta de descanso o de apoyo emocional—.
Tratar el peso sin atender lo que lo rodea no es medicina integral: es un parche rápido.
En este contexto, conviene recordar que el peso corporal está profundamente influido por determinantes genéticos y biológicos. Las investigaciones muestra que una parte importante del peso —entre un 40 % y un 70 %— viene determinada por la genética, modulando el hambre, la saciedad y la adaptación metabólica. Los fármacos como los GLP-1 actúan precisamente sobre estos circuitos, lo que pone de relieve una paradoja: si reconocemos que el peso no es solo conducta, ¿por qué seguimos evaluando la salud y el valor del cuerpo en función de cuánto logra reducirse?
Preguntas para una decisión consciente
Antes de iniciar un tratamiento con GLP-1, Size Inclusive Medicine propone una reflexión más profunda que te comparto para que puedas tomar una decisión informada:
- ¿Tengo alguna condición de salud que debería atender directamente, en lugar de enfocarme en perder peso?
Muy a menudo desde una perspectiva médica peso-centrista se posponen revisiones, análisis o tratamientos importantes esperando que adelgazar lo resuelva todo. - ¿El beneficio a corto plazo compensa los posibles efectos secundarios?
- ¿Qué pasa si la pérdida de peso es temporal y termina en un nuevo ciclo de subida y bajada de peso? ¿qué impacto puede tener eso en mi salud física y emocional?
- ¿Tengo antecedentes de comer emocional o TCA que podrían reactivarse con este tipo de fármacos? Suprimir el hambre puede parecer control, pero a menudo es una forma de desconexión de las necesidades no solo físicas sino emocionales del cuerpo.
- Si dejo el peso a un lado, ¿qué mejoraría más mi salud?. Tal vez el descanso, el movimiento placentero, la regulación del estrés o el acompañamiento emocional.
- ¿Necesito ayuda profesional para cuidar el cuerpo que tengo hoy? Cuidarse no debería estar conectado con la apariencia: es aprender a habitar el cuerpo presente con más compasión.
Hacia una salud libre de estigma
Desde mi perspectiva se trata de ampliar la conversación y reflexionar sobre qué es realmente la salud.
Una verdadera salud debería integrar lo físico, lo emocional y lo social, sin reducirla al tamaño corporal ni a una cifra en la báscula. No olvidemos que la idea de que la “obesidad” está asociada de forma directa a problemas de salud es científicamente cuestionable, ya que el efecto yo-yo, el estigma relacionado con el peso y las desigualdades en general y en la atención sanitaria se correlacionan con muchos de los mismos problemas de salud que se atribuyen al peso elevado.
En esta línea, el artículo de Size Inclusive Medicine plantea una cuestión clave que rara vez se formula en el debate público:
¿Qué impacto tiene esta medicalización del peso en la relación de las personas con su cuerpo y con la comida?
Desde este enfoque, los GLP-1 no se analizan solo por sus efectos metabólicos, sino también por sus consecuencias psicológicas y relacionales. El artículo advierte que la supresión del apetito —presentada a menudo como un beneficio incuestionable— puede convertirse en una forma de desconexión corporal. Especialmente en quienes tienen historia de dietas restrictivas, comer emocional o trastornos de la conducta alimentaria, esta desconexión no es neutra: puede reactivar dinámicas de control, miedo a comer o falsa sensación de seguridad basada en no sentir hambre.
Además, Size Inclusive Medicine subraya algo que considero fundamental: el consentimiento informado debería incluir no solo los efectos físicos, sino también los posibles efectos sobre la relación con la comida, el placer al comer y la salud mental. Cuando estos aspectos se omiten, no estamos ofreciendo una información completa ni una medicina verdaderamente ética.
Desde una mirada libre de estigma, la pregunta no es únicamente “¿cuánto peso se pierde?”, sino:
¿A qué coste emocional?
¿Qué ocurre cuando el cuerpo deja de ser escuchado y pasa a ser silenciado químicamente?
¿Qué mensaje se refuerza cuando el alivio llega solo si el cuerpo se reduce?
Y más allá de la experiencia individual, mi reflexión es que estas preguntas nos obligan a mirar el impacto colectivo.
Porque cuando una sociedad celebra de forma acrítica fármacos que prometen reducir cuerpos, el mensaje que se refuerza no es solo médico, sino profundamente cultural: que los cuerpos grandes siguen siendo un problema a corregir. Que el alivio, el reconocimiento y la pertenencia llegan cuando el cuerpo ocupa menos espacio.
En un contexto atravesado por la gordofobia estructural y el culto a la delgadez, estos medicamentos corren el riesgo de convertirse en una nueva herramienta de normalización corporal, más sofisticada y “científica”, pero no menos violenta. Ya no se exige fuerza de voluntad ni disciplina: ahora se ofrece silencio. Silenciar el hambre, el deseo, el placer, la incomodidad de habitar un cuerpo que no encaja en el ideal dominante.
Personalmente, desde los valores de justicia social e igualdad que mueven mi práctica profesional y personal acompaño desde el enfoque no peso-centrista que ofrece la práctica de la alimentación consciente, la autocompasión y la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), donde el bienestar no se construye desde la guerra con el cuerpo, sino desde la reconciliación con él:
- Escuchando el cuerpo en lugar de controlarlo.
- Cuidando el bienestar físico y emocional desde los valores, no desde la culpa o la vergüenza.
- Cultivando la conexión, no la competitividad o la perfección.
Porque una salud que exige desaparecer, encogerse o anestesiar señales internas para ser válida no es una salud plena.
Y porque cuidarse no significa cambiar el cuerpo, sino aprender a habitar el que tenemos hoy con más respeto, dignidad y compasión.
Para seguir reflexionando
Si este tema te resuena, te invito a leer mi libro Alimentación Compasiva (Alienta, 2025), donde exploro cómo la cultura del control corporal y el salutismo pueden convertirse en formas de trauma, y cómo sanar desde la presencia, la flexibilidad y la autocompasión.
Si te sientes atascada en tu autocuidado porque no sabes salir salir de los ciclos de restricción y descontrol con la comida, puedes solicitar una sesión informativa conmigo aquí o apuntarte a la lista de espera de mi próximo programa grupal «Yo me cuido sin dietas» aquí.
Y si eres profesional de la salud y quieres formarte en un enfoque no peso-centrista como es la alimentación consciente o mindful eating, te comparto la formación que vengo realizando desde el año 2017: Certificación en Mindful eating y Mindfulness
Referencias:
GLP1 – Medical Students for Size Inclusivity
Chastain, Ragen. Does Losing 5-10% of Body Weight Really Improve Health?, Weight and, Healthcare, 4 Dec. 2021, weightandhealthcare.substack.com/p/does-losing-5-10-of-body weight-really.
Wang, H., & MacLeod, K. (2024). The impact of weight cycling on health and obesity: muscle mass, inflammation, and metabolic dysfunction. Journal of Obesity & Metabolic Health, 13(4), 200–214. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC11205792/
Tomiyama, A. J. (2014). Weight stigma is stressful. A review of evidence for the cyclic obesity/weight-based stigma model. Appetite, 82, 8–15. https://doi.org/10.1016/j.appet.2014.06.10¿
Bouchard, C., Tremblay, A., Després, J.-P., Nadeau, A., Lupien, P. J., Thériault, G., … Fournier, G. (1990). The response to long-term overfeeding in identical twins. New England Journal of Medicine, 322(21), 1477–1482. https://doi.org/10.1056/NEJM199005243222101
Tomiyama, A., Carr, D., Granberg, E. M., Major, B., Robinson, E., Sutin, A. R., & Brewis, A. (2018). How and why weight stigma drives the obesity ‘epidemic’ and harms health. BMC Medicine, 16, 123. https://doi.org/10.1186/s12916-018-1116-5